Partimos de un concepto de que debe estar mas que claro: la razón de ser de la Universidad es la adquisición y transmisión del conocimiento y del saber. El saber se debe entender como “novedad pura”, no como simples cambios. El saber es acción perfecta, acto puro.
Otra característica del saber, para nuestro autor, es que este verbo es equivalente en presente y en pretérito perfecto. El saber es constante, permanente, “se conoce por el conocer mismo” (no ocurre lo mismo con los verbos como “fabricar” o “producir”).
En la actualidad podemos ver tal vez que estas afirmaciones que deberían ser tan claras, y que nadie tal vez discute, no se dan efectivamente. Hoy las Universidades tienen otros objetivos, son muchas veces rehenes de ideologías políticas, presiones e intereses que nada tienen que ver con el objetivo de búsqueda de la verdad.
Ya nos lo dice nuestro autor, se trata de una realidad o tendencia mundial, la dirigencia Universitaria usa su tiempo en resolver problemas que nada tienen que ver con el saber. El núcleo de discusión en las asambleas universitarias son las partidas presupuestarias, la construcción de edificios, los salarios de los docentes, etc.
Las cuestiones que podríamos denominar de forma avanzan al centro de la cuestión, se transforman en fin de la Universidad.
En estos días lo podemos percibir plenamente en los debates que se dan en el marco de la competencia electoral de la Universidad Nacional de San Juan: poco y casi nada se habla y debate del conocimiento, qué está haciendo la Universidad para perfeccionar su búsqueda por la verdad; la verdad la pretenden encontrar los sostenedores o partidarios de ideologías políticas que ven en las Universidad el “campo de batalla”. Las ideologías, como búsqueda de la verdad, se deberían discutir en las Universidades desde el estudio y la investigación científica, académica, con debates y propuestas hacia la sociedad, pero hoy, los partidarios de las mismas ven en la institución universitaria otro ámbito de lucha por el poder mismo.
Tal vez para dar un ejemplo y ser claro conviene citar un dato de actualidad, y es un Titular de esta semana que dice así: “Universitarios cortaran mañana calles contra ley de Educación Superior PUBLICIDAD”, y continúa la nota[1]: “...BUENOS AIRES, may 30 (DyN) - La Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA) realizará mañana cortes de tránsito y clases públicas en esta ciudad, para recordar la protesta similar a la de hace diez años impidió que sesionara la Cámara de Diputados para tratar la ley de Educación Superior. (...) piden la suspensión de la vigencia de la ley de Educación Superior, sancionada en 1995 e impulsada por el entonces secretario de Políticas Universitarias Juan Carlos Del Bello. Objetan mayoritariamente que artículos de la norma "vulneran la autonomía y soberanía de las universidades nacionales", respecto a la autorización de que casas de estudios con más de 50 mil alumnos puedan instaurar sus propios sistemas de ingreso, que entienden como un "cupo encubierto".Asimismo, se oponen a la posibilidad, que plantea la ley, de pedir contribuciones a los estudiantes, que advierten "abre la puerta al posible arancelamiento de los estudios universitarios".
Aquí vemos un ejemplo clarísimo del tema de debate en la actualidad. El objetivo en lugar de ser cuán bien o mas perfecto es el conocimiento que se adquiere en la Universidad es mas bien sobre cuántos alumnos pueden tener ese acceso, quien lo decide, etc.
Esto son temas que obviamente deben ser discutidos, mayormente cuando están en juego derechos constitucionales, como el derecho a la educación, o la garantía de las autonomía de las Universidades. Pero estos deberías ser temas a tratarse en otros ámbitos, y no invadir la realidad universitaria. Citando a la obra en estudio: “se confunde la Universidad con su contexto y circunstancias”. Estamos frente a la decadencia universitaria.
El conocimiento es lo único que realmente se puede adquirir para sí, poseerlo plenamente, y disponerlo, ningún otro bien material se puede poseer plenamente, el saber está en mí, “yo llego a ser lo que conozco...”
También debemos reflexionar en este momento a cerca de la “lamentable y mediocre” motivación de la mayoría de los estudiantes de nuestras universidades, en dónde la razón de existir está en poseer el último automóvil, el mejor celular, y adquirir un día el preciado título universitario para exhibirlo y relucirlo frete a la sociedad, sin tener ninguna conciencia en el conocimiento adquirido.
Pero en esto también han influido en alguna medida las excesivas y absurdas formalidades exigidas por las instituciones académicas: cito un ejemplo que puede explicarlo todo, dado en nuestra Universidad. Octubre de 2003, Argentina acababa de atravesar una de las peores de las crisis institucionales y políticas de su Historia (diciembre de 2001 y meses sucesivos). Se elegían en San Juan los cargos públicos mas importantes: Gobernador, Diputados Nacionales, Intendentes, Diputados Provinciales, y en la Facultad de Derecho se organizó un debate entre los candidatos: la preocupación de los estudiantes a cerca de la Jornada que se Organizaba era la de saber si se les justificarían las inasistencias a clase durante el horario del debate. Nada más que decir.
Para alcanzar lo nuevo no es bueno recorrer los mismos caminos ya mil veces visitados, en donde nada nuevo se encontraría. Si siempre partimos de las mismas condiciones dadas, nada nuevo encontraríamos, es preciso salirse de fuera de los supuestos.
Recordando lo tratado en capítulos anteriores, me animaba a ver dos elementos en el conocimiento universitario: uno material, el contenido, y uno formal, los métodos de conocimiento y de transmisión del mismo. Pues es bueno recordar aquí que en lo que hace a las formas, es necesario que se vayan actualizando a la realidad de los tiempos presentes, para encontrar métodos adecuados para adquirir y transmitir el saber; en lo que hace al contenido material, es bueno mantener las bases sólidas de los conocimientos adquiridos, pero para que desde estas bases continuemos con las búsqueda de la verdad.
Hoy la figura del conocimiento intelectual es el representacionismo, que junto con el individualismo, mecanicismo y el escepticismo moral, forman la estructura moderna. Pensar significa “sospechar de los hechos”.
Podemos coincidir plenamente con el autor que estudiamos, cuando se refiere a lo que significa la Universidad para los estudiantes de la actualidad, al sostener que solo se trata de un túnel oscuro que se atraviesa si lograr comprender nunca lo que es realmente la Universidad.
Es una triste realidad que podemos captar en nuestro medio. Es difícil ver a un estudiante que cuando mira la Universidad la vea como un camino de perfección, de descubrimiento, de construcción intelectual. Muchos no captan para nada esta idea, la Universidad es un ciclo, que se “debe” cumplir, y el fin es solo el “cartón”, como simple credencial para obtener mejores frutos que sin él en la vida futura.
Habría que volver al realismo aristotélico, pero no sólo repasando dichas teorías en distintas materias que sólo sirven para aprobarlas y llegar más rápido al “cartón”, sino como sistema o medio de conocimiento adoptado por la Universidad. En mi carrera de abogacía, y según los planes de estudio de nuestra Universidad, se nos enseñan todas estas teorías, pero sería bueno adoptar el realismo como método, para poder percibir qué es realmente el derecho civil o el constitucional, por qué existe de ese modo, si es bueno, si se debería cambiar, en fin, salir de la burbuja del “aula” y el “libro de texto”, percibir la realidad, compararla con el conocimiento que se adquiere, y mirando el “deber ser”, modificar lo que sea necesario. De esta reflexión lamentablemente sólo se encargan muchas veces los medios de comunicación, pero casi siempre con objetivos distintos que la búsqueda de la verdad, sino intereses individuales de un grupo o sector. Debería ser la Universidad la encargada de salir de la “burbuja”, ese es el ámbito adecuado. Hoy un alumno tal vez se da cuenta de esa realidad, pero no porque la Universidad se la hizo ver, sino porque un periodista tendencioso lo mencionó, y allí comienza la decepción o desconfianza en la institución académica.
El error sería entonces el que nos marca el autor, no hay preocupación por encontrar lo nuevo, nos quedamos en viejos esquemas cuando la realidad nos muestra otra cosa, y allí deviene el divorcio. Insisto, habría que retomar el realismo de Aristóteles.
Tampoco es bueno ser tan pesimistas, hay grupos todavía preocupados por la verdad y el conocimiento, lo bueno sería aprovecharlos, darles los medios necesario para repensar la Universidad.
Es necesario organizar una nueva forma de pensar, conquistar la sociedad civil siendo fieles a los ideales de la Institución. Esta idea debe surgir interpretando la realidad actual, de nada servirá una forma utópica o irrealizable.