Reflexionamos en este caso a cerca de la Universidad frente al Tiempo, y cómo actúa éste factor sobre sí, si la erosiona o ésta lo incorpora.
Ante este hecho se dan dos posibilidades: 1 – el tiempo las atraviesa sin romperlas, 2 – el cambio es la dimensión clave. Sólo las organizaciones que determinan su propio cambio son capaces de entenderlo.
Para el autor las primeras son sujetos similares a un cadáver ambulante. Las segundas son las que tienen el reto de enfrentarse ante otras instituciones y ser las que se encarguen de transmitir e inventar el saber nuevo, en esta era denominada sociedad del conocimiento.
Cuando nos ponemos a analizar a cada institución en su vida, nos damos cuenta que mas difícil que inaugurarlas, acompañado del entusiasmo previo y las ilusiones del comienzo, resulta mantenerse en la expectativa “creadora” y no caer en la inevitable rutina en la que suele siempre caer el ser humano. Este inevitable carácter melancólico parece propio de la concepción clásica, griega, del paganismo precristiano.
En otro extremo se encuentra la modernidad europea, con su fe en un progreso lineal indefinido (algo que ni siquiera la modernidad emergente era tan progresista como lo es el actual progresismo ingenuo).
Por otro lado encontramos el pensamiento del filósofo alemán Blumemberg, en el que la autoconservación es una de las claves de la conciencia moderna. La tarea primordial del hombre es asegurar su propio mantenimiento y salvar su inestable identidad, ante un Universo vacío, que no le puede decir nada al hombre respecto de sí ni de nada. El hombre deja de encontrarse en un orden social ordenado (v.r.) y jerarquizado: el sobrevivir de la actualidad ya no es el vivir bien de la época clásica.
Idea del Universo mecanicista, en las cosas no hay esencias, ni formas. De las cuatro causas clásicas (material, formal, eficiente y final) sólo quedan la material y la eficiente (no hay que multiplicar los entes sin necesidad – Occam -).
Es una época preocupada por la certeza más que por la verdad, asentada en el mecanicismo, individualismo (o atomismo social) y el escepticismo cognoscitivo.
Fascinación por un orden geométrico claro, implacable voluntad de lograr encadenamientos racionales que no admiten duda, idea que nada tiene que ver con la fascinación por la verdad clásica, donde la verdad no se confunde con la certeza. La verdad es ante todo la perfección a la que se encaminan nuestras vidas ansiosas de plenitud.
La autoconservación es la autoafirmación del hombre contra el absolutismo de Dios de los nominalistas: un Dios tan omnipotente que se hace arbitrario, por lo que al hombre ya nada lo obliga a dirigirse a un fin que puede cambiar por la sola voluntad de Dios. Desaparece el orden; idea del Dios “engañador”. Comienza a acusar a la divinidad de ser un factor de perturbación.
Nietzche sostiene que toda teleología deriva de la teología. El hombre se ha convertido en un animal sin metáforas, sin restricciones, ni reservas, el que en su Fe anterior era casi Dios (hijo de Dios).
El nihilismo de Nietzche es la ausencia de toda posible novedad, la carencia de toda posible novedad, de perspectivas vitales, la rueda que gira sin final.
El concepto de lo novedoso para la modernidad es la idea de haber alcanzado algo definitivamente nuevo, que ya nada podrá superar (Groys). Así la Ilustración (dominio definitivo de la ciencias positivistas); Romanticismo (la fe en la racionalidad científica perdida); Marxismo (una sociedad que se realiza definitivamente en el comunismo o socialismo); el Nacionalsocialismo (dominación y gobierno definitivo de la raza aria sobre toda otra etnia). Algo similar ocurrió con las artes plásticas.
La Universidad se ha salvado de esta cadencia inercial y conservadora, con el nihilismo como último horizonte. Es de las pocas instituciones que hilvanan el medioevo con la modernidad. La causa es el hecho histórico de que la Universidad hunde sus raíces en el cristianismo. Sabe articular tradición y progreso, característica de la modernidad, tiempo de la metafísica del surgimiento originario, creacionista, la idea de Universidad debe entenderse como esencialmente ligada al surgimiento de lo nuevo.
Debemos partir de la noción de que innovación y tradición son compatibles, y que en la sociedad debe ser la Universidad la que debe estar en la”vanguardia de la historia”, la protagonista de la innovación, proponiéndole a la sociedad nuevas alternativas para el desarrollo.
La tradición y el progreso son perfectamente compatibles, pero la tradición debe renovarse, no paralizar el desarrollo, y el progreso debe estar fundado en la historia.
Me atrevo a distinguir dos elementos: uno material y uno formal del saber que la Universidad debe transmitir y descubrir.
El material es el contenido del saber, son aquellos principios que la historia ha sabido descubrir que la experiencia ha podido comprobar y que la Universidad se encarga de ensañar y transmitir para que perduren.
El formal es el método de la enseñanza o transmisión del saber, y aquí ubicamos también los medios que se utilizan.
Pues en virtud de lo antes mencionado, podemos sostener que la Universidad se debe preocupar por la fidelidad al contenido material, que permita seguir progresando en la búsqueda de la verdad, pero apoyados en los saberes históricos, e innovar permanentemente en las formas de descubrir nuevos conocimientos y en los métodos de transmisión.
Es decir, fidelidad al contenido, actualidad plena en las formas de enseñanza y descubrimiento, lo cual permitirá hacer llegar los conocimientos históricos en forma adecuada, y esto facilitará el progreso en nuevos saberes.
El autor en estudio nos cita a Neuman, quien hace la comparación con la historia de la Iglesia Católica y las Protestantes. La Iglesia Católica siempre se ha mantenido fiel a las verdades reveladas y no hay forma de que éstas sean negadas o refutadas ya, pero ha progresado en el descubrimiento de nuevos saberes, fundados en aquellos, lo cual le ha permitido a lo largo de la historia desarrollar nuevos dogmas que fundados en las primeras verdades permiten el avance en el conocimiento de la verdad revelada. Es decir, tradición y fidelidad a las verdades, innovación en el descubrimiento de nuevas verdades, aplicación de formas adecuadas y actuales.
También lo comparamos con el progresismo extremo, que al innovar permanentemente en verdades, se llega a un círculo vicioso, el hombre nunca alcanza la verdad, e innova violando las verdades históricas, lo cual significa un retroceso. Los conservadores extremos se mantienen atados a tradiciones y no progresan.
Por otro lado la Universidad debe estar ala vanguardia, anticipándose a los hechos, y no siguiendo de tras el desarrollo, pues al quedarse atrás, la evolución la pasa por encimas. Es por ello que nuestras Universidades no deben preocuparse tanto en pequeñeces y problemas insignificantes, que en todo caso deben ser resueltos por las personas competentes, pero no debe tratarse de un asunto por llamarlo de algún modo “de estado”, tales como variaciones presupuestarias y reglamentaciones excesivas, como lo vimos en el primer capítulo.
La Universidad en cuanto a las formas debe estar plenamente actualizada, y en cuanto a lo material debe permanece fiel, para no caer en errores, de eso modo se podrá transimir adecuadamente el conocimiento histórico, adquirir nuevos conocimientos y de ese modo colocarse a la vanguardia de loas avances sociales, siendo la guía de las sociedades, alejándolas de errores, y permitiéndoles el progreso.