A las universidades les llegó la hora de la
Responsabilidad Social Universitaria.
Si las empresas tienen que ser responsables ante sus públicos internos y externos y en el cuidado del medio ambiente, ¿por qué no deberán ser igualmente responsables todas las demás organizaciones? ¿O acaso un medio de comunicación no puede producir impactos positivos y negativos sobre sus stakeholders? ¿O una banda de rock es absolutamente irresponsable de los mensajes que transmite a sus seguidores? Me parece que pronto tendremos que oír hablar de la responsabilidad social gubernamental, de las instituciones educativas, comerciales, deportivas, religiosas, sindicales o recreativas. Quizá se multiplicarán las siglas –RSGubernamental, RSRock!...quién sabe!-. Lo que sí sabemos es que ya se habla en algunos ambientes universitarios de la RSU. Por ejemplo, en Chile hay un proyecto de Responsabilidad Social Universitaria, en el que intervienen 10 universidades líderes; el BID acaba de lanzar un portal virtual (www.iadb.org/etica/RED) destinado a promover la RSU, al que adhirieron 59 universidades de 16 países americanos en los primeros dos meses.
La cuestión de la responsabilidad social de las universidades argentinas, me parece una asignatura trágicamente pendiente, como se demostró al estallar la crisis de fin de 2001. Más allá del loable esfuerzo de algunos profesores e instituciones, ¿qué habían hecho nuestras universidades para formar a sus graduados -los profesionales y dirigentes del país-en los valores que hubieran impedido la corrupción y el egoísmo social? Al contrario, las universidades, tanto las estatales como las privadas, están llenas , como buen espejo del país, de individuos exitosos en cuanto profesionales, científicos o profesores, pero incapaces de abordar tareas comunes, que vayan más allá del interés individual de corto plazo. No se pueden achacar todas las carencias morales y materiales de las universidades a la falta de presupuesto, sino a la ausencia de ideas y de esfuerzo por el bien común. Por eso, tantas veces, los alumnos terminan de cursar una asignatura más vacíos y pobres de ideas y de ideales que cuando comenzaron, sin ninguna sensibilidad por lo que es público y de todos.
La RSU puede ser un fantástico instrumento para que la universidad en cuanto organización encare el cambio enorme de cultura que tiene por delante: abandonar la cultura del individualismo y la fragmentación, por la cultura de los valores compartidos, de la preocupación por el bien común. Pero la clave está en que cada universidad, como organización, sepa adaptar los conceptos de la RSE a su realidad académica: queremos ver que cada institución defina sus valores en un código de ética, que aclare las políticas con sus alumnos, profesores y empleados, que sea transparente con sus proveedores y en su comunicación, que cuide el entorno y lo mejore. Cuando la RSU se practique en la propia universidad, la sociedad tendrá un escuela verdadera de dirigentes solidarios, y un modelo de cómo deben funcionar las demás instituciones.
Carlos Pujadas chpujadas@yahoo.com.ar
Profesor de Ética y Responsabilidad Social Universidad Católica de Cuyo