FORO
REGIONAL 2005 RESPONSABILIDAD SOCIAL UNIVERSITARIA
“Teoría
y práctica de la gestión de la RSU”
Ponencia:
La aplicación del modelo de Responsabilidad Social Empresaria (RSE) a la
universidad. Un análisis de los públicos interesados (stakeholders) de la universidad.
Autores
Carlos Pujadas chpujadas@yahoo.com.ar
Federico Daneri danerifederico@yahoo.com.ar
Germán Eduardo Grosso gegrosso@yahoo.com.ar
Bruno Lanciani
Carlos Munisaga munisagacarlos@yahoo.com.ar
Introducción
I.
Propósito
Nos proponemos elaborar un trabajo de
investigación original para presentar como ponencia en el Foro de RSU de la
Universidad Nacional de Córdoba, agosto 2005.
II.
Problema de investigación
Preguntas de investigación
¿Cómo pueden aplicarse genuinamente
al mundo universitario los enfoques de la RSE?
¿Quiénes son los stakeholders de la
universidad?
¿Cómo puede la universidad ser
socialmente responsable en las relaciones con sus stakeholders?
III. Objetivos específicos:
o
Presentar el modelo de la RSE,
y la teoría de los stakeholders.
o
Proponer un modo de
aplicar la RSE a la universidad, en especial, la determinación de los
stakeholders de la universidad.
o
Mostrar la aplicación de estos criterios, analizando la experiencia de
una universidad concreta, en sus relaciones con dos de sus públicos
interesados.
IV. Justificación de la investigación
En el contexto de crisis que vivió la
Argentina a partir de diciembre de 2001, se hicieron fuertes demandas de
responsabilidad a las instituciones de educación superior. La universidad no es
inocente de la situación de desintegración social a la que se llegó, cuyas
raíces son culturales y morales, como han señalado muchos autores. En algunas
universidades argentinas se nota el deseo de reaccionar, adoptando una actitud socialmente
responsable Estos factores dan razones suficientes como para respaldar la decisión
de realizar el estudio.
Hay una justificación práctica,
puesto que se pretende que la investigación propuesta ayude en la solución de
problemas, y en facilitar un enfoque coherente a los esfuerzos que hagan las
universidades
V. Marco de referencia teórico-conceptual
Usamos el modelo de la RSE y la Teoría de los stakeholders, como marco teórico que puede servir para que la universidad se transforme en una organización socialmente responsable.
Estudiamos la
universidad en cuanto organización, a partir del concepto de comunidad
académica, cuya estructura y cultura propia es la “colegialidad” (cfr. Durand y
Pujadas 2002, 2004; Pujadas y Durand 2002 b)
VI. Metodología
específica y plan de trabajo
Se aplicará el método de observación
sobre el funcionamiento de la organización académica, y para analizar la experiencia
de la universidad con algunos públicos interesados. Se aplicará, por su parte,
el método inductivo para inferir conductas generales desde la comprensión y
estudio de casos particulares.
El plan que nos proponemos desarrollar es el siguiente.
En lo que respecta a la organización
del texto y al plan de trabajo:
Capítulo
1 El modelo de la RSE y la teoría de los stakeholders[1]
En el mundo empresarial se están dando firmes
pasos para superar la visión de la organización cuya única misión es maximizar
los beneficios para sus accionistas. Se
plantea ahora un sentido ético de la empresa como comunidad de personas
que tienen que desarrollarse plenamente; y como organización que debe ser
responsable ante la sociedad por todas sus decisiones. Esta visión de la
empresa se ha concretado en un modelo llamado Responsabilidad Social
Empresaria, conocido también por sus siglas: RSE. En inglés se denomina a
menudo como Corporate Citizenship.
Kliksberg dice que “Hay una explosión de interés mundial por la Responsabilidad
Social Empresaria (RSE)” (Kliksberg 2004, p. 146), y menciona numerosos hechos
que lo demuestran, como la creación en Gran Bretaña del primer Ministerio para
la RSE.
Varios autores han criticado la RSE desde el
punto de vista del liberalismo económico, diciendo que no corresponde que la
empresa desvíe fondos para actividades que no le reporten un beneficio directo.
Otros aducen que la RSE corre el riesgo de ser manipulada para producir
solamente el mejoramiento de la imagen pública de la empresa. Evidentemente hay
organizaciones que usan la RSE en este sentido utilitario y sin convencimiento
verdadero. Pero al mismo tiempo, hay muchas otras organizaciones que advierten
en la RSE un modo atractivo de vincular la actividad de la institución con los
postulados éticos que mejor responden a la naturaleza del hombre y de la
sociedad
La visión de la Responsabilidad Social Empresaria
se apoya sobre la teoría de los stakeholders. Como explica Patricia
Debeljuh,
"desde la publicación del libro de Freeman: Strategic Management, a stakeholder approach,
muchos otros libros y centenares de artículos se han dedicado a analizar esta
teoría. Su punto de partida se centra en la interacción, tan frecuente como
estrecha, entre la empresa y la sociedad, que lleva a crear una mutua comunidad
de intereses compartidos. Cuando esto sucede, han surgido los llamados stakeholders, que son aquellos grupos
afectados por las políticas de la compañía: accionistas, trabajadores,
clientes, proveedores, competidores, comunidad local, sindicatos, gobiernos,
etc.
El vocablo stakeholder fue acuñado en los comienzos de los años sesenta, más
precisamente en 1963, cuando apareció
por primera vez en un memorándum del Stanford Research Institute, como
un neologismo derivado de la palabra stockholders, que significa accionista,
por relación fonética y semántica de este término con aquél. Literalmente
podría ser traducido como "el depositario de una apuesta". El primer
desarrollo de una teoría basada en este concepto se debe a Edward Freeman.
(Debeljuh (2002, p. 208).
En castellano se llama a los stakeholders, “públicos interesados”,
o “clientes internos y externos”, y se pueden definir como “cualquier grupo o
individuo que puede afectar o ser afectado por la realización de los objetivos
de la empresa” (Freeman 1984, p. 31).
La teoría de los
stakeholders tiene gran influencia en la redacción de los códigos de ética de
las empresas, y esto podría también ser muy tenido en cuenta por el mundo
universitario. La mayoría de los códigos de ética "están basados en este enfoque [la teoría de los stakeholders] y, por lo tanto,
estructurados en función de las responsabilidades que derivan de cada uno de
los grupos implicados en una compañía. Esta perspectiva ha permitido salvar la
brecha entre la economía y la ética, y ha despertado una mayor responsabilidad
por parte de la empresa en estas cuestiones.” (Debeljuh 2004, p. 179).
La RSE se refiere al
modo en que una empresa integra los
valores sociales básicos con sus prácticas y operaciones diarias. Abarca, por
lo tanto, el compromiso que la empresa tenga con valores, y cómo esos valores empapan
las relaciones con sus públicos
interesados y con el respeto al medio ambiente.
Algunas de estas
dimensiones de la RSE han sido cuantificadas y transformadas en indicadores de
RSE.[2]
Capítulo
2. Algunas aplicaciones a la universidad.
De lo que hemos visto en el primer capítulo, se
pueden aplicar a la universidad las dos ideas centrales, que son, a nuestro
juicio, las siguientes:
1) La RSE es un enfoque teórico y
práctico de la Ética aplicada a la empresa, que procura que se integren los
valores sociales básicos –explicitados o no en códigos éticos-, en toda la
organización y en todas sus operaciones. Esto es muy pertinente para
intentar aplicar en la Universidad, que es una institución central en la
sociedad del conocimiento, y que debería aspirar a tener algún liderazgo ético
en la sociedad. Sería una gran incoherencia que en la universidad se enseñe RSE
pero que la universidad no lo aplique a sí misma.
2) La RSE se apoya en la teoría de los stakeholders, los públicos interesados o
afectados por la organización. Esta teoría se basa en la idea de que la
estrecha interacción que hay entre empresa y sociedad crea una comunidad de
intereses compartidos, en la que hay múltiples actores afectados por las
políticas de la empresa, que deberían
participar de algún modo en las decisiones que les importan. Esta idea es
también pertinente para los que pensamos que la universidad debería interactuar
estrechamente con la sociedad, constituyéndose en una comunidad de personas
unidas por el interés académico, en la que deberían participar todos los
interesados en el conocimiento y en su gestión.
A continuación desarrollamos estas
dos ideas centrales de la RSE en relación a la universidad.
a.
La RS en la universidad como organización, y en
sus actividades.
1. En primer lugar, la universidad
como organización debería ser socialmente responsable en cuanto a la misión
que se propone y a los valores que promueve, cuidando que haya coherencia entre
lo que se declara en los documentos y lo que es o procura ser realmente la
estructura y la cultura de la organización.
En el mundo empresarial se está
imponiendo aceleradamente el uso de la declaración explícita de misión, visión
y valores de la empresa. Además, las empresas grandes disponen también de
Códigos de ética, en los que se definen los comportamientos que,
consecuentemente con los valores declarados, serán premiados o castigados. De
acuerdo con una investigación de 2002, dirigida a las 500 empresas más grandes
de la Argentina, el 70 % de las
empresas grandes cuenta con un documento formal con contenido ético.
(cfr. Debeljuh 2002)
A nuestro entender, los Códigos de
ética son un instrumento útil para transparentar a todos los miembros internos
y externos de la organización los valores y conductas acordes a la cultura de
la empresa. Los criterios definidos en estos Códigos son válidos para todos los
miembros de la organización, tanto gerentes como personal de maestranza. Se
dedica al menos una sesión cada año para comentarlos y discutirlos por todos
los miembros, y se les hacen las actualizaciones correspondientes. Se está
imponiendo además, la figura del Comité de ética, con personas que rotan cada
año, ante quienes se elevan las faltas y reclamos que se suscitan (cfr. Pujadas 2004).
Pasemos ahora a la situación en las
universidades argentinas. Hemos hecho una revisión a través de las páginas web,
y al mes de julio de 2005, hay una universidad que tiene publicado su
código de ética: la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).
Por tanto, las universidades
argentinas están muy lejos de formalizar los estándares éticos que se están
fijando las empresas del país. Y nuestra experiencia, en las universidades
estatales y privadas, nos confirma en la urgente necesidad de desarrollar en
todas ellas este instrumento. Como hemos dicho más arriba, las universidades
deberían ser las instituciones que detenten el liderazgo ético, para que el
país intente superar el deshonroso puesto que le otorga la percepción de
corrupción existente (cfr. Transparency International, 2005).
2. En segundo lugar, la universidad debería ser socialmente
responsable en sus operaciones, es decir en el uso de los recursos que
el Estado y la sociedad ponen a su disposición, en la relación con el medio
ambiente, y en sus actividades de docencia, investigación y extensión.
Al hacer un repaso de las actividades
que con sentido solidario están encarando las universidades, percibimos que en
algunos casos las acciones se concentran en algunos proyectos aislados,
impulsados desde determinadas cátedras o departamentos, dependiendo a veces
demasiado del entusiasmo de los promotores o de la disponibilidad de fondos de
la propia universidad o del Ministerio de Educación.
En la RSE, por el contrario, se
pretende que la organización asuma el compromiso de modo total y coherente. Se usan
herramientas concretas que la universidad también podría disponer, como el
Balance Social, que es una rendición de cuentas ante la sociedad, muy
apropiada. El cuestionario para la autoevaluación de la RSE que ha elaborado
ETHOS, es otro instrumento disponible para que las universidades lo usen
directamente o lo adapten a sus propias realidades.
Nos parece que lo más adecuado es
hacer una adaptación de esos indicadores de RS, a la universidad. Para ello
pensamos que se debe partir de una concepción genuina de su organización.
Nosotros proponemos la concepción de comunidad académica, que tiene en la colegialidad
su estructura y cultura propias (cfr. Durand y Pujadas 2002), y cuya actividad
central es la gestión del conocimiento en el más alto nivel, a través de la docencia, la investigación y la
extensión. Pensamos que este es un marco apropiado, aunque puede haber otros
igualmente válidos. Solamente postulamos la necesidad de acudir a un modelo o
marco conceptual auténticamente universitario, para tener una guía a la hora de
redactar Códigos de ética y cuestionarios de evaluación de la RS. Nos parece
que es el modo conveniente de trasladar herramientas desarrolladas con éxito en
el mundo empresarial, al mundo académico.
2.2. Los stakeholders de la
universidad.
Para continuar la aplicación de esta teoría a la universidad, deberíamos
fijarnos en quiénes son los stakeholders
de la universidad. Hay unos públicos internos y externos que son genéricos,
valen para toda universidad. Pero cada universidad tiene que elegir sus
públicos según su misión y valores. Esta elección de sus públicos
es algo que cada institución -o sus fundadores-, se da a sí misma, de modo
libre, aunque ciertamente responsable. Por tanto, cada una tendrá distintos
criterios para decidir quiénes son sus públicos internos, y estas decisiones se
manifestarán en las políticas de selección de personal no docente, docente,
investigadores y alumnos. También es parte de la misión definir los criterios
que permitan decidir quiénes son sus públicos externos: qué ámbito local,
nacional, o internacional sirve; con qué tipo de empresas quiere interactuar;
qué relaciones tejerá con el gobierno, la sociedad civil, las ONG, el medio
ambiente.
La pregunta por los públicos
interesados de cualquier empresa es una importante definición de marketing (definir el target) y de responsabilidad social.
Pero adquiere enorme relevancia cuando ya no es una empresa sino la universidad
la que está en juego. Porque nos interrogamos acerca de quiénes tienen interés propio en la
institución que produce, transmite y difunde el conocimiento.
La pregunta acerca de quiénes tienen
un interés legítimo en la tarea de la universidad, nos remite a su mismísimo
origen. La universidad fue inicialmente "ayuntamiento de profesores y alumnos
en busca del saber", según la definición de Alfonso el Sabio. En esos
comienzos los alumnos tuvieron mayor protagonismo en Bolonia, y los profesores
en París. Y desde estos mismos albores
de la institución universitaria se acuñó el concepto de colegialidad para
designar su cultura y su estructura organizacional.
Pujadas y Durand se han referido al concepto de
"colegialidad ampliada" en un trabajo que citamos a continuación:
"Tradicionalmente la colegialidad fue el modo de entender la
participación en el gobierno de las universidades, aunque limitándola a los
profesores, como dominantes de la institución. La Reforma de 1918 fue innovadora
al reconocer a los estudiantes un grado de participación no visto en otras
latitudes. Sin embargo, no se produjo un desarrollo institucional de la
colegialidad, sino que se limitó al activismo político.” (Pujadas y Durand 2002
b).
La concepción que estos autores
desarrollan se resume en las siguientes definiciones:
a) Colegialidad 'tradicional' es la
que se limita a la participación de los profesores, a quienes se considera
actores principales de la universidad.
b) Colegialidad ‘formal' es la que se
reduce a la representación democrática de tres o cuatro estamentos
universitarios.
c) Colegialidad ampliada comporta la
asignación de derechos de participación a todos los miembros internos y
externos de la institución, para promover el logro de un bien común coordinando
la acción de todos y cada uno.
El bien común universitario hoy debería ser
convocante, no solamente para profesores y alumnos, sino para todos los
miembros de la sociedad que entiendan el papel central que juega la universidad
en la sociedad del conocimiento.
“En un gobierno colegial, el poder
básicamente es un bien y un deber compartido. Se encuentra alejado del estilo
autocrático que favorece la concepción de la universidad como organización de
mercado. También se diferencia del poder 'fragmentado' y en equilibrio inestable
que caracteriza al modelo político.
La estructura colegial no es la
simple evaluación por los pares, sino el sistema de revisión conjunta entre
los que tienen derecho a participar en la decisión según sus distintas
funciones en la comunidad universitaria (profesores, estudiantes, personal
administrativo y auxiliar, graduados, empresas, gobiernos).” (idem)
La colegialidad dependerá de las normas y valores sostenidos por
los miembros "internos", quienes en mayor medida dan su sello a la
cultura universitaria, es decir, los directivos, profesores, estudiantes y
personal auxiliar. La característica de la cultura organizativa que se muestra
como determinante en gran medida de la estructura colegial, es el nivel de
confianza, entre los integrantes de la institución y con los directivos, lo que
está en estrecha relación con la motivación: la capacidad de moverse por un
interés común, que busca el bien de la institución y todos sus integrantes.
Esta confianza y calidad motivacional requieren difíciles aprendizajes, si
pensamos en la conducta imperante en la universidad argentina.
El concepto de "colegialidad
ampliada" es perfectamente
coincidente con la visión de los stakeholders. Significa que en la toma de
decisiones en la universidad tienen que ser tenidos en cuenta, todos aquellos
que son afectados por las decisiones de la universidad, o pueden afectar a la
universidad. No es suficiente hablar de gobierno tripartito o cuatripartito:
los públicos internos y externos de la universidad, en la sociedad contemporánea,
son muchos más, y tienen que poder hacer oír su voz en los asuntos que los
involucran. Porque lo que está en juego es muy importante para cada persona, y
para la sociedad: se trata del conocimiento, el bien clave para el pleno
desarrollo tanto de la persona, como de cada organización y de la sociedad en
su conjunto.
Como resumen de estas ideas, nos parece útil
exponer quiénes son a nuestro juicio los públicos interesados en la
universidad, y cómo debe ser la cultura propia de una verdadera universidad,
una comunidad académica socialmente
responsable.
·
los
protagonistas son "todos los
actores", que tienen derecho a participar en las decisiones según sus
distintas funciones en la comunidad universitaria: profesores, estudiantes,
personal, graduados, empresas, gobiernos, proveedores. Aquí están señalados
algunos de los públicos internos (profesores, alumnos y empleados) y externos
(graduados, empresas, gobiernos, proveedores)
·
la cultura es
integradora.
·
la expresión
participativa por excelencia es la que se da en los equipos directivos
complejos (Durand y Pujadas 2002), aunque se utilizan todos los mecanismos
participativos, no la mera votación.
·
la visión de la
organización es la de la responsabilidad y el servicio.
·
la toma de
decisiones está orientada por la misión y el bien común.
·
el interés
dominante de los stakeholders es la construcción de una comunidad educativa.
La síntesis de este apartado tan importante sería
la siguiente: en una auténtica universidad, constituida como comunidad
académica amplia, no cerrada en sí misma, los públicos internos y externos
participan activamente en el gobierno y la vida de la organización, a través de
muchos mecanismos. Se comparte una cultura colegial que focaliza los esfuerzos
de todos en el bien común, y que transmite a sus miembros el sentido de
responsabilidad ante las necesidades sociales.
A contrario sensu, una universidad que no se
constituye como comunidad académica, será una organización fragmentada por los
intereses individuales o de grupo, con una cultura que tiende a ser
individualista y egoísta, la participación se reduce a las situaciones en que
se sienten perjudicados los individuos (especialmente los empleados, alumnos y
profesores), y la Responsabilidad Social
se reducirá a iniciativas aisladas de algunas personas o grupos.” (de la
tesis 2005: ver cómo se puede resumir)
En el siguiente capitulo
ponemos en acción los conceptos desarrollados hasta aquí, para analizar la RS
de una universidad concreta con dos de sus públicos interesados: los alumnos de
Derecho, y algunas instituciones gubernamentales.
3.1. Alumnos:
Como hemos dicho en el capítulo anterior, los alumnos constituyen uno de
los públicos internos de toda universidad. Los alumnos pueden tener un perfil
distinto en cada institución según sea su misión y valores, y según la Facultad
o carrera, si se trata de grado o postgrado, modalidad presencial o a
distancia. En nuestro caso nos referiremos a los alumnos de la universidad
Católica de Cuyo, en su sede de San Juan, Facultad de Derecho.
Consideramos que la formación de una universidad responsable socialmente con sus alumnos no debe limitarse a impartir un catálogo de conocimientos teóricos y específicos de una carrera o especialidad, ya que si bien es cierto que son necesarios y de una gran utilidad; en la sociedad actual, la mayoría de las veces resultan insuficientes para el graduado al momento de comenzar su vida profesional.
Esta insuficiencia o ausencia de formación integral, redunda, según nuestra opinión y la de fuentes citadas, en una limitación que experimenta el titulado, acentuada con más fuerza en las carreras o profesiones “tradicionales”, para desplegar el conjunto de conocimientos adquirido, es decir para ejercer la profesión seleccionada, debido a que invariablemente y no solo en épocas de agudas crisis, nos enfrentamos a la escasa oferta de trabajo especializado y la baja demanda de profesionales; que es resultado de la súper o sobre-población de estos.
Centramos nuestra investigación en la situación de los profesionales de la abogacía, en la que este desequilibrio entre demanda y oferta o población de graduados se acentúa, y es de particular importancia el análisis de esta especialidad, tomando en cuenta que según las últimas estadísticas, el 13 % de los estudiantes universitarios, o sea 190.000 cursa actualmente abogacía ( cfr. La Nación, Lunes 25 de julio de 2005).
Actualmente, en las 56 facultades de Derecho de nuestro país, al igual que en la U. C. Cuyo, se insiste en formar al abogado para el ejercicio liberal de la profesión, que esta en franco retroceso.
La Universidad, en el presente ha receptado la inquietud, compartida por profesores, alumnos, el foro o colegio de profesionales local, miembros de la justicia y de otros poderes del Estado, periodismo y otros.
Quizás la única propuesta de solución analizada hasta el momento, ha sido la de limitar la matrícula o restringir, por diversos métodos, el ingreso a las carreras que experimentan esta sobrepoblación, y las discusiones al respecto se han centrado en el modo de encarar o de hacer lo más justa posible esta limitación.
Pensamos que una alternativa más interesante
es la de promover un nuevo perfil de profesional autónomo y emprendedor, es decir no una persona exclusivamente
versada en determinados conocimientos específicos de una profesión, sino dotado
de los instrumentos más hábiles para gestar, proyectar, ejecutar, continuar y
concluir sus propios proyectos, distinto ello a la actividad desarrollada en el
ejercicio liberal de cualquier profesión.
Estas habilidades están clasificadas entre las competencias genéricas que debería tener un graduado universitario de la Unión Europea, de acuerdo al Proyecto Tuning Educational Structures in Europe – 2003 del que hemos tomado ciertas referencias que expondremos a continuación.
Evaluamos a continuación cómo es la enseñanza del Derecho en la U.C.Cuyo. No tendremos en cuenta las competencias específicas que ha adquirido el alumno hasta su titulación, sino si ha desarrollado esas competencias genéricas comunes a cualquier titulación, tales como la capacidad de aprender, de tomar decisiones, de diseñar proyectos, destrezas administrativas, etc. Las destrezas y competencias que aquí referimos, son consideradas por el proyecto Tuning de gran importancia para el graduado, más aún en una sociedad cambiante como la actual, donde las demandas tienden a hallarse en constante reformulación.
Finalmente a raíz del estudio realizado observamos, que en la formación actual que ofrece la UCCuyo, que consideramos común a la grandísima mayoría de nuestro país, concede a sus alumnos una formación en la que gran parte de las competencias genéricas establecidas en el proyecto Tunning , se encuentran ausentes. En los casos en que estas se experimentan, fueron adquiridas en forma espontánea, indirecta, o en la situación de llevar a cabo una actividad curricular, pero no como fruto de una política o estrategia académica.
A continuación se plasman los resultados obtenidos después de analizar las denominadas Competencias Genéricas, su presencia o ausencia y los motivos de ello en el promedio de los casos:
1.
Capacidad de análisis y síntesis: adquirida.
2.
Capacidad de organizar y planificar: adquirida por práctica y
experiencia individual, pero nunca se impartió por parte de la institución un
método para lograrla.
3.
Conocimientos generales básicos: adquiridos.
4.
Conocimientos
básicos de la profesión: adquiridos.
5.
Comunicación oral y
escrita en la propia lengua: no desarrollada por la
institución.
6.
Conocimientos de
una segunda lengua: Promovido desde la institución, pero no en forma
obligatoria.
7.
Habilidades básicas
de manejo de ordenador: Promovido desde la institución, pero no en forma
obligatoria.
8.
Habilidades de
gestión de la información: adquirida.
9.
Resolución de
problemas: No desarrollada por la institución.
10.
Toma de
decisiones: No desarrollada por la
institución.
1.
Capacidad crítica
y autocrítica: No desarrollada por la
institución.
2.
Trabajo en
equipo: Poco motivado por la institución y sin
directivas para lograrlo en forma eficaz y eficiente.
3.
Habilidades
interpersonales: No desarrollada por la
institución.
4.
Capacidad de
trabajar en un equipo interdisciplinar: No adquirida.
5.
Capacidad para
comunicarse con expertos de otra áreas: No adquirida.
6.
Apreciación de
la diversidad y multiculturalidad: No desarrollada por la
institución.
7.
Habilidad de
trabajar en un contexto internacional: No adquirida.
8.
Compromiso
ético: La institución intenta motivarlo.
1.
Capacidad de
aplicar los conocimientos en la práctica: No adquirida.
2.
Habilidades de
investigación: No adquirida.
3.
Capacidad de
aprender: adquirida.
4.
Capacidad para
adaptarse a nuevas situaciones: No adquirida.
5.
Capacidad
para generar nuevas ideas (creatividad): No
desarrollada por la institución.
6.
Liderazgo: No adquirida.
7.
Conocimiento
de culturas y costumbres de otros países: No
desarrollada por la institución..
8.
Habilidad para
trabajar de forma autónoma: adquirida.
9.
Diseño y
gestión de proyectos: No adquirida.
10.
Iniciativa y
espíritu emprendedor: No desarrollada por la
institución.
11.
Preocupación
por la calidad: No desarrollada por la
institución.
12.
Motivación de
logro: adquirida.
13.
Solidaridad: adquiridos conocimientos teóricos,
practica no desarrollada por la
institución.
No resulta difícil entonces, observar que la
dirección de la formación actual universitaria y el perfil con el que se
identifica al profesional egresado, es errado al menos en varias de sus
componentes.
Como conclusión, pensamos que la UCCuyo está
formando a sus alumnos de Derecho -al
menos para la mayoría de ellos-, con unas competencias insuficientes para el
desarrollo profesional. Para actuar de modo socialmente responsable con sus
alumnos y con toda la sociedad donde estos actuarán, debería entonces, incluir
en los programas la capacitación en las competencias genéricas que requiere un
profesional emprendedor y autónomo para desempeñarse en diversos ámbitos.
3.2 .Gobierno
Universidad y Estado. Relaciones y Responsabilidades
A los efectos de este apartado de la ponencia, hemos contado con el testimonio del Sr. Licenciado Aníbal Gutiérrez, quien es académico de la Facultad de Ciencias Políticas de La U.N.S.J, ex ministro de Gobierno de la Provincia de San Juan, y actualmente es asesor del Secretario de Gobierno y Justicia; a la Sra. Licenciada Silvia Lara que también es académica de la misma Universidad, y ex miembro del Consejo Provincial de Prevención en representación de esa institución y a uno de los autores de este trabajo, estudiante de la Universidad Católica de Cuyo, y miembro del Consejo Provincial de Prevención [3].
Consideramos que el Gobierno es uno de los públicos externos de la Universidad, al que debe tener en cuenta por que sus decisiones lo afectan. También en su caso, la Universidad recibe la influencia de las decisiones del Estado.
El objeto de este trabajo es indagar acerca de la responsabilidad social que le cabe a la Universidad en su relación con el Gobierno. Éste es el primer responsable ante los problemas sociales, pero la Universidad tiene que aportar soluciones concretas desde su posición académica. No puede formar profesionales ajenos a la realidad.
Dentro de este marco, nos disponemos a analizar específicamente, cómo responde la Universidad, frente a la problemática social; dicho con otras palabras, si los programas académicos que maneja la Universidad, están directamente relacionados a la demanda social.
Consideramos que, no pasa por saber si los programas universitarios, tendientes a paliar la demanda social, gozan o no, de adecuación social, sino si esos programas de solución son sistemáticos; puesto que, en el caso que no lo sean, la única forma en que puede actuar la Universidad frente a la sociedad es de manera reactiva., no anticipándose a los acontecimientos, ni mucho menos previéndolos.
Universidad y Sociedad.
En la entrevista mencionadas en
el primer párrafo, el Lic. Aníbal Gutiérrez, sostuvo que "En una época la
Universidad se creía parte de una oligarquía intelectual, el famoso cinismo
intelectual argentino, asumiendo una actitud de desprecio ante la sociedad. Los
pusilánimes intelectuales de no jugarse nunca por nada, ni por la política, ni
por una opinión, nada."(Lic. Gutiérrez)
Sin desmerecer la tarea que ha venido realizando la Universidad, en las últimas décadas, podemos apreciar que la actitud que ésta ha mantenido frente a las grandes crisis que postraron al País, no ha sido otra que mantenerse ajena, cuando lo conveniente hubiese sido, que se anticipara a los hechos, proponiendo de antemano soluciones concretas y desarrolladas desde un ámbito exclusivamente académico, dejando de lado toda posible improvisación. En este orden de ideas, creemos que es fundamental que la Universidad esté a la vanguardia de los cambios y no a la cola de estos.
Tenemos que tener en cuenta que la Universidad, dado los recursos que maneja, tiene una gama de privilegios y prerrogativas, que necesariamente, como contrapartida de estos, implican deberes. Y es a través del cumplimiento de estos deberes que la Universidad se legitima.
La Universidad debe formar "profesionales - ciudadanos", para luego insertarlos en el medio social. ¿Que queremos decir con esto?, que estos profesionales deben ser tales, que tengan el compromiso, para que desde el ámbito que les compete, colaboren en la solución de la problemática social. Esa es la forma en que se legitima la Universidad en la sociedad, lo cual no es otra cosa que ser "Socialmente Responsable”, porque en la medida de que no seamos capaces de formar ciudadanos en una sociedad, no hay alternativa de la estabilidad democrática, porque entonces existen los excesos.
Una posible solución, para lograr la adecuación de las temáticas universitarias a la realidad social, sería la creación de "Gestores Universitarios", que estarían encargados de canalizar los reclamos sociales, para así volcarlos en estudios de directa implicancia, y no en cuestiones formales, textos que en definitiva nunca se aplican a la realidad.
Relación Universidad - Gobierno en la provincia de San Juan
Ante la problemática social, sabemos que el primer responsable es el Estado. No obstante esto, la Universidad, como institución intermedia que es, formadora de profesionales que se desenvolverán en ese medio, ya sea como dirigentes o de manera independiente, tiene rol fundamental, tal cual hemos dicho.
Al respecto analizaremos dos aspectos en los cuales se da la interrelación mencionada, a continuación.
1. Partidos Políticos.
La realidad nos muestra que siempre la solución a los problemas sociales viene de la mano de la política. Entendemos que los partidos políticos, son las únicas instituciones por las cuales se accede al Poder. Por lo tanto si lo que buscamos es modificar realidades, es primordial alcanzar ámbitos de poder
En este punto, los entrevistados,
han considerado que la solución al problema de la relación Universidad –
Gobierno, sería lograr una apertura mayor
por parte de los Partidos Políticos, que en su integración deberían acudir a la
Universidad, es decir, que las estructuras partidarias, integren en sus cuadros
políticos a la Universidad, para que de esta forma, conjuntamente se planteen
las posibles soluciones.
En San Juan, nos encontramos que algunos Partidos Políticos han creado
instituciones, que como un apéndice del partido, forman su propia fundación
integrada en un 90% por profesionales. Actualmente en la Provincia de San Juan,
la mayoría de los ministros son pertenecientes a esas fundaciones, es decir,
comienzan a trabajar desde la fundación en un programa de transformación de la
sociedad, y luego lo vuelcan en la gestión de gobierno.
¿Pero como lo integran los profesionales? ¿En tanto y cuanto
corporativamente miembros de la universidad o como profesionales aislados? y
acá está el problema,...lo hacen como profesionales aislados, que se integran a
una fundación, cuando se supone que el ente de representación pública y
estatal, el ente autárquico que es la universidad, no se integra plenamente al
ejercicio gubernamental [4].
En nuestra opinión, no aceptamos del todo la idea expuesta en el párrafo anterior, porque correríamos el riesgo de politizar a la Universidad.
Lo que sí consideramos conveniente es que la Universidad realice su aporte desde lo estrictamente académico, sin llegar a inmiscuirse en el ámbito político.
2. Consejos Consultivos
El Gobierno de la Provincia ha creado en los distintos ámbitos, los denominados Consejos Consultivos, a los efectos de lograr asesoramiento en la toma de decisiones. Estos consejos están formados por representantes de distintas áreas, Instituciones Civiles y en la Mayoría de los casos, por integrantes de la Universidad.-
Creemos que este es un paso importante en la apertura del Gobierno que tanto propugnamos, pero la realidad nos muestra que estos consejos no han tenido el resultado esperado, debido a la falta de operatividad de sus opiniones.
El Gobierno, sus funcionarios, no están en condiciones, no han tomado la conciencia de este cambio de visión, y no se atienen a lo propuesto por estos Consejos, para ello es necesaria la decisión política de, además de crearlos, que sus decisiones sean vinculantes.
Pero la Universidad también tiene su cuota de responsabilidad. No está representada institucionalmente en los mismos. La cuestión pasa simplemente por tener la “potestad” de designar a un representante ante los mismos, pero no se logra el vínculo de toda su estructura, por ello tampoco son buenos los aportes que ella hace ante los mismos.
Una de las opiniones de las entrevistas
recabadas es la que la Universidad
también debe democratizar su estructura interna. Debe promover la participación
de sus mejores cuadros ante los reclamos de los órganos del Estado, de manera
que cuando se le reclama la participación de sus cuadros, debe promover
internamente, los mecanismo necesarios, para que lo hagan todos sus
departamentos, institutos, a los efectos que, democráticamente se designe al
mejor investigador, docente, para tal o cual consejo, y no que se asuma tal
reclamo como una cuestión meramente formal.
Debe tomar en serio que es parte fundamental para modificar la
realidad, y no ser un conjunto de claustros, donde concurren alumnos, los
docentes cumplen su obligación de dar clases, y nadie asume que es parte de la
realidad[5].
Se debe tener en cuenta que de la participación de cada representante
ante dichos consejos surgen dos responsabilidades, la de la Universidad, de la
que estamos hablando, y la de cada miembro. Las Universidades tienen un largo
camino que recorrer, es el del “compromiso” [6],
el que tal vez sí asumen personalmente las personas designadas para esas
tareas, pero no lo logran transmitir y constituir en la Universidad a la que
pertenecen.
De estas ideas, - que pueden ser útiles en alguna medida -, lo que nosotros pensamos, es que ante todo, lo realmente importante, es que aquella persona designada para representar a la Universidad en los Consejos, debe constituir un verdadero puente entre estas dos instituciones, es decir, debe saber recabar las necesidades planteadas en el seno de los Consejos, para luego traducirlas en requerimientos concretos a los sectores académicos pertinentes, los que por otro lado deben estar predispuestos a responder ante cada situación. No se deben crear trabas burocráticas, subordinar todo proyecto a la existencia de estructuras funcionales (despachos, empleados, etc.), que terminan generalmente en cuestiones presupuestarias solamente. Entre ellos (el representante y las áreas) debe existir el sentido de cooperación y compromiso, cada uno debe realizar su aporte, desde su lugar, y de esa manera satisfacer los reclamos externos.
Capítulo 4.Conclusiones
A continuación repetimos los Objetivos de
investigación planteados y su cumplimiento:
Presentar
el modelo de la RSE, y la teoría de los stakeholders
En el primer capítulo
hemos expuesto un resumen del modelo de RSE, desarrollando especialmente la
teoría de los stakeholders.
Proponer un modo de aplicar la RSE a la
universidad, en especial, la determinación de los stakeholders de la universidad.
En el segundo capítulo hemos mostrado cómo puede
aplicarse a la universidad la RSE, respetando su naturaleza.
. En primer lugar, la universidad como
organización debería ser socialmente responsable en cuanto a la misión que
se propone y a los valores que promueve. Se ve conveniente que las
universidades tengan un código de ética, para aplicar a todos los
miembros.
. Las organizaciones empresariales han elaborado
indicadores de RSE. Nos parece que lo más adecuado es hacer una adaptación de
esos indicadores a la universidad. Para ello pensamos que se debe partir de una
concepción genuina de su organización. Nosotros proponemos la concepción de
comunidad académica, que tiene en la colegialidad su estructura y
cultura propias (cfr. Durand y Pujadas 2002), y cuya actividad central es la
gestión del conocimiento en el más alto nivel, a través de la docencia, la investigación y la
extensión.
. En una auténtica universidad, constituida como
comunidad académica amplia, no cerrada en sí misma, los públicos internos y
externos participan activamente en el gobierno y la vida de la organización, a
través de muchos mecanismos. Se comparte una cultura colegial que focaliza los
esfuerzos de todos en el bien común, y que transmite a sus miembros el sentido
de responsabilidad ante las necesidades sociales.
Mostrar
la aplicación de estos criterios, analizando la experiencia de una universidad
concreta, en sus relaciones con dos de sus públicos interesados.
.Con respecto a los alumnos de la carrera de
Derecho, una universidad socialmente responsable debería prepararlos con las
competencias genéricas que los capaciten como emprendedores. De este modo,
estarían en mejores condiciones de trabajar y ser útiles en un país en el que
hay saturación de abogados.
.Con respecto a sus relaciones con el
Gobierno, una universidad socialmente responsable debería tener instrumentos
para recibir y canalizar académicamente las necesidades sociales. En su
participación en los Consejos Consultivos de diversos organismos, la
universidad debería nombrar representantes que oficien como mediadores para
hacerle llegar esas necesidades. Para que encuentren eco en la comunidad
universitaria, hay que instalar una cultura de cooperación y solidaridad en
todos los miembros que la componen.
BIBLIOG RAFÍA
Debeljuh, Patricia (2002), Tesis de doctorado presentada en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Navarra.
Debeljuh, Patricia. (2004). La conquista de las virtudes en la empresa, Editorial Temas, Buenos Aires.
Durand, Julio C. y Pujadas, Carlos. (2002) “La colegialidad en el gobierno de la
universidad. La participación a través de equipos directivos complejos”. En
Lucas Marín y Vinuesa (Eds.), Madrid, pp. 117-135.
Durand, Julio C. y
Pujadas, Carlos. (2004). “Self-Assessment of
Governance Teams in an Argentine Private University: Adapting to Difficult
Times”. TEAM (Tertiary Education and Management) 10(1), Spring,
pp. 27-44.
Freeman,
E. (1984). Strategic Management: a Stakeholder Approach, Pitman Publishing
Inc., Marshfield, MA.
Kliksberg, Bernardo. (2004). Más ética, más desarrollo, Temas Grupo Editorial, Buenos Aires.
Pujadas, Carlos y
Durand, Julio C. (2002). “El Concepto Ampliado de
Colegialidad: Alcance y Posibilidades”. Fundamentos
en Humanidades, III (1-2): pp.57-68.
Pujadas, Carlos
(2004). “El código de ética de la empresa”.
Alta Dirección, nº 4, mayo 2004.
Tuning Educational Structures in
Europe (2003),
Universidad de Deusto, Bilbao.
[1]
En los capítulos 1 y 2 usamos como texto de referencia la tesis de maestría de
Carlos Pujadas, LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DE
LA UNIVERSIDAD. Un Taller Social como
proyecto piloto para el aprendizaje de la responsabilidad social (Universidad de Mendoza, 2005).
[2] Se puede obtener información sobre estos indicadores en ETHOS (http://www.ethos.org.br 14-VII-05), o en la traducción castellana hecha por el IARSE (http://iarse.org 14-VII-05).
[3] Las entrevistas están en el "Seminario Repensar la Universidad", http:\www.repensarlauniversidad.8m.com
[4] Entrevista al Lic. Anibal Gutiérrez, "Seminario Repensar la Universidad",
http\\www.repensarlauniversidad.8m.com\ entrevista1.htm